miércoles, 9 de octubre de 2013

LA FAMOSA FRUSTRACIÓN DEL EMPRENDEDOR


A lo largo de la vida laboral de casi todos nos surge la disyuntiva del autoempleo o el trabajo por cuenta ajena: ¿Merece la pena el riesgo que hay que asumir para poder dedicarte a algo que te apasione y te gratifique cada esfuerzo y cada pasito avanzado? La respuesta es totalmente personal y subjetiva. Si eres de los que prefiere un sueldo fijo al final de mes y la rutina de un mismo puesto, está claro que tendrás menos dolores de cabeza pero también, en la mayor parte de los casos, menos alegrías.

Se dice que todo emprendedor tiene que intentarlo hasta 8 veces hasta dar con la receta mágica del éxito y no todo el mundo tiene la paciencia ni el respaldo patrimonial suficiente para seguir intentándolo. Pero de todas formas... ¿Qué pasa cuando consigues trabajar para tí mismo con éxito y rendimientos suficientes? ¿Cual es el siguiente paso cuando ya estás más o menos arriba? Aquí es cuando muchas veces surge el segundo tipo de frustración... la de la rutina en tu propio negocio. Cuando estás montando tu empresa, ideando, programando, innovando... te invaden las ganas y la motivación, pero para mantenerse... ¡¡¡Hay que seguir motivado!!!!!!



Nuestro consejo es que encuentres un reto en todas las tareas, aunque sea una simple llamada a un proveedor para reclamar un envío ya que todas esos trabajos del día a día son los que mantienen el resultado de tu esfuerzo y tu pasión inicial. No dejes que te invada la desgana y la rutina: ponte metas, establece objetivos a corto y largo plazo, no dejes de hacer cambios y mejoras, descubre la parte motivadora del día a día.




Sé consciente de que eres afortunado por hacer aquello que te gusta...

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